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miércoles, 19 de febrero de 2014

El Frío, de Marta Sanz


No suelo hacer post reseñando libros porque no se me da bien hacer análisis brillantes e hiperliterarios. Yo soy más bien del "me ha gustao - no me ha gustao".Y para decir una tontería, mejor no digo nada. 

Si a eso le sumamos que casi todo lo que he leído en los últimos 6 meses (excepto La felicidad de los ogros, de Daniel Pennac, fabulosísimo) me ha aburrido sobremanera, pues ya me diréis qué plan...

Pero hace un par de semanas, mi querido Juanan (conocido, guapo y asiduo figurante del blog de Anita) me habló de esta maravilla de las letras: El Frío. Yo no había leído nada de esta escritora pero todo el mundo me hablaba genial de su obra, así es que, ni corta ni perezosa, me lancé a la caza del libro que, esperaba, me aliviara de la soporífera temporada lectora en la que me hallaba inmersa tanto tiempo ya.

Y, oh, sí, por fin un libro que me entusiasma y del que no me apetece perderme ni medio renglón. Lo empecé a leer en el metro, y nada más acabar el primer capítulo decidí que no, que ese libro merecía ser saboreado en casa, en silencio y del tirón. Así es que, como no podía parar de leer, cuando llegaba a casa por las tardes repetía la lectura. Mi capítulo preferido es, sin duda, el primero, con esa frase final absoluta que no deja lugar a réplica: "todo ese montón de mierda que no te voy a perdonar nunca".

El Frío no es una novela al uso, con una exposición, un nudo y un desenlace. No, lo que atrapa de este libro no es la historia en sí sino el modo en el que está contada. Ganas de sentarte, abrir el libro y disponerte a disfrutar de la magia de cada frase, de cada idea, de cada sentimiento expuesto. Es la rabia, la soledad, la resignación y, sobre todo, la impotencia de la protagonista, que entre viaje y viaje se esfuerza por aprender a entender y a aceptar lo que le ha tocado en suerte. Es el frío...

Por fin he encontrado al autor que me gustaría ser. Esa manera de escribir es la manera en la que a mí me gustaría escribir. Posiblemente no sea del agrado de todo el mundo, pero eso a mí me da igual. Yo he encontrado mi modelo, mi referente, mi fuente de placer perverso. Yo quiero escribir como lo hace esta señora. Presuntuoso, yes, I know, pero qué sería de nosotros si la ambición no nos anduviera dos pasos por delante...

domingo, 25 de marzo de 2012

El genio de Juanan


No sé si os lo he dicho antes, pero si no, os lo digo ahora. Conocí a Juanan en el curso de escritura creativa, y desde entonces mi alma y la suya caminan cogidas de la mano, con cuidado, porque ya he tenido demasiados tropiezos, pero con alegría. Lo mío con sus textos fue amor a primera vista. Y es que no se puede ser más divertido y más estiloso escribiendo. 
Os pongo uno de los últimos textos que ha escrito para el curso. La profesora le ha sugerido que los junte todos y los presente a las editoriales, no os digo más.

Hola. Mi nombre es Adonaya Heredia, soy gitana y bloggera. De martes a domingo ayudo a mis padres en el puesto de ropa bonita con el que nos paseamos por todos los mercadillos de la Comunidad de Madrid. Yo me encargo de las prendas más finas, eso, en realidad, abarca muchísimas cosas: lo mismo te vendo una minifalda de pitón que unas bragas de la Abeja Amaya. Pero esto se va a acabar muy pronto. Mi primer post sobre cómo combinar un delantal con unos calientapiernas ha revolucionado la red. Gusta, y mucho. Tres mil cuatrocientas veintiséis visitas en una semana, no quepo en mí de gozo. Eso es arte, eso es una maravilla y eso es una gran fuerza moral que me ayuda cantidad a hacerle frente a mi abuela, que no me entiende y que preferiría que fuese como Luzdeluna, pero es que yo nunca seré como mi prima Luzdeluna, a ella le gusta cantar bulerías en el metro e intimidar a las payas, y a mí eso nunca me ha ido ni me irá. Y no es que reniegue de mis raíces o que no me guste el oro, que me encanta, es que yo me siento realizada de otra manera, he encontrado mi sitio y soy feliz detrás de unas gafas de pasta de la Hello Kitty y de la dirección URL meloquitandelasmanos.blogspot.com.

Por Juanan Moreno

Aún os debo uno de mis textos del curso. Me pondré con ello muy pronto.

domingo, 22 de enero de 2012

Encuentro ¿literario?

Querido Juanan, tus deseos son órdenes, ya lo sabes, así es que te dedico este post enterito. 
Aquí tienes la fotillos de nuestro encuentro gastronómico literario en mi (tu) humilde morada. Intentaré preservar la intimidad de lo asistentes, obedeciendo a los usos y costumbres de la irreverente Tula, aunque contigo, primo hermano de Narciso, haré una excepción, lo cual espero que no merezca un castigo demasiado desproporcionado.
El señor Van Niehernnan me trajo una caja monísima llena de moras! Y la señorita Maribel me trajo bombones...
Duelo de guapos.
Juanan vs. Mr. A, el matemático ciclista nihilista.
Juanan "sácameguapo"
Juanan "Sácamevulnerable"
Juanan "Sacameasí"
Los sofisticados y refinadísimos juegos del mundillo literario. A Mr. A le tocó adivinar a Cuqui Fierro; el pobre, que ni siquiera tiene tele en casa...
El señor Van Nihernnan me fregó amablemente los platos, actividad que, según él, le relaja y le ayuda a inspirarse para sus próximas obras.

Unos invitados de lujo, sin duda. Así da gusto!
Gracias a todos por el día tan estupendo.

P.D. Juanan, cariño, la parte escatológica de la conversación me la ahorro por el bien de tu mi imagen.
P.D.2 La próxima vez puedes traer a Performance. Pero quítale el polvo primero.
P.D.3 Una canción para ti.


Love you.

lunes, 9 de enero de 2012

El peor cuento de la historia lírica.

Antes de Navidad, en el curso de escritura nos encargaron la tarea de escribir un cuento de Navidad en estilo lírico y no narrativo (lírico según Cortázar). Lo mío nunca ha sido escribir sobre un tema previamente establecido; a mí se me da mejor escribir sin un objetivo ni tema claro. Así es que la cosa se me complicaba: Navidad y lírica. 

26 de diciembre, sola en una casita en medio del campo, sentada en una mecedora frente al fuego y con una copita de buen vino en la mano. Media tarde, media luz. Éste fue el resultado:

Tula Malcriada
La música, las risas, las luces tan brillantes como irritantes. Entras. Te acercas a mi espalda. Te presiento.

Estoy en un rincón de la habitación hablando con cualquiera.
Y sin embargo, sola. Sola de alma, como he estado siempre desde que te fuiste. La soledad del alma siembra brotes de indiferencia en el corazón de los despreciados. Quizás por eso es que no soy capaz de reaccionar al girarme y tomar concienia de tu presencia después de tantos años. La indiferencia me impide abandonarme a la dicha de volver a verte, lanzarme a tu cuello y llorarte al oído tequieros oxidados.
Te he echado tanto de menos...

Mi cuerpo inerte hunde aún más los pies anclados sin esperanza al suelo, los brazos tristes a los lados, la mirada gris intentando disimular el desorden que tu sonrisa torcida provoca en mis entrañas.

- Feliz Navidad - susurra tu boca. Fonemas cargados de memoria y arrepentiento.

Alargas tu mano. Ante la inminencia del contacto físico (tantos años añorado), mi cuerpo retrocede espantado sin que mi voluntad pueda apenas intervenir.

Te empeñas en no advertir mi respuesta muda y continúas tu monólogo:

- Ha pasado demasiado tiempo, no crees? Todo ha cambiado: la situación y yo. Por fin.

Dirijo la mirada al suelo y me agarro las manos. Froto mis dedos frenéticamente, con desesperación, como queriendo arrancar el rencor que desde hace años me ennegrece la piel.

Sola de alma, como he estado siempre desde que te fuiste.


Nochebuena. No se te ocurrió otra fecha mejor para abandonarme. Cualquier otro día hubiera sido igual de doloroso, pero no hubiera sido el día en el que parece que todo el mundo se pone de acuerdo para festejar mi infortunio.
Nochebuena y un reproche.
Nochebuena y una súplica.
Nochebuena y un portazo.
Las doce. Misa del gallo. Una botella de whisky y un bote de lágrimas calmantes.
Ni siquiera sabes que el día de Navidad me cantaron villancicos las lúgubres enfermeras de algún hospital sombrío de esta ciudad infecta.

De la Nochevieja sólo recuerdo sonidos y perfiles. El pánico de una sirena urgente trastornando las últimas notas sangrantes del Lonely Day de System of a Down. (¿Te acuerdas?) El resto me lo cuentan mis muñecas a diario.


Año tras año tengo que repetirme que tú no vales tanto, es más,  no vales nada. Que ni siquiera eres mi tipo, que no sabrías hacerme feliz. Que me traicionarías una y mil veces porque no eres de fiar. Que no me interesas. Que no me convienes.


Y sin embargo, tiemblo. Tiemblo y temo a mis ojos cobardes y cansados de esperar. Se presienten lágrimas.


Podría decirte todo esto y muchas cosas más. Escupirte la realidad, la mía y la nuestra, a la cara. Podría decirte que te odio, y que cada Nochebuena te amo aún más. Pedirte que desaparezcas para siempre y que no vuelvas a irte. Podría confesarte que aún suspiro corazones entre los sonidos de tu nombre.
Podría.

Mas no haré más que lo único que te mereces.
Silencio...


We Heart It
Lo leí en clase el lunes pasado, y a mis compañeros parece que les gustó (o eso, al menos, fue lo que dijeron), pero la cara de la profesora, os lo juro, era todo un poema. Me dijo, ojo al dato, que era un texto cargado de tópicos y de frases que podrían aparecer en cualquier bolero o en canciones de Pimpinela. 
Sí, eso me dijo.

Yo, una vez vencido el orgullo, reconocí y agredecí (interiormente) la crítica, porque creo sinceramente que es así como realmente llegaré a aprender y a perfeccionar mi forma de escribir. Eso sí, procuro no cambiar mi estilo ni mi esencia, que difieren notablemente del estilo de mi profesora. Por eso mismo entiendo que seamos críticas la una con la otra y que muchas veces nuestros puntos de vista sean diametralmente opuestos. Pero eso, señores, es lo que enriquece y cultiva al ser humano. Así es que ojalá que mi profe siga siendo igual de ácida con respecto a mi trabajo.

Yo suelo ironizar y dar toques de humor a mis textos, lo que a veces los convierte en caricaturas de mí misma, y es por eso que me siento orgullosa de los otros textos, los raros, los serios, los que más me cuesta escribir. 
No será mi mejor escrito, pero a mí es uno de los que más me gustan.

Que tengáis una semana genial.