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miércoles, 19 de febrero de 2014

El Frío, de Marta Sanz


No suelo hacer post reseñando libros porque no se me da bien hacer análisis brillantes e hiperliterarios. Yo soy más bien del "me ha gustao - no me ha gustao".Y para decir una tontería, mejor no digo nada. 

Si a eso le sumamos que casi todo lo que he leído en los últimos 6 meses (excepto La felicidad de los ogros, de Daniel Pennac, fabulosísimo) me ha aburrido sobremanera, pues ya me diréis qué plan...

Pero hace un par de semanas, mi querido Juanan (conocido, guapo y asiduo figurante del blog de Anita) me habló de esta maravilla de las letras: El Frío. Yo no había leído nada de esta escritora pero todo el mundo me hablaba genial de su obra, así es que, ni corta ni perezosa, me lancé a la caza del libro que, esperaba, me aliviara de la soporífera temporada lectora en la que me hallaba inmersa tanto tiempo ya.

Y, oh, sí, por fin un libro que me entusiasma y del que no me apetece perderme ni medio renglón. Lo empecé a leer en el metro, y nada más acabar el primer capítulo decidí que no, que ese libro merecía ser saboreado en casa, en silencio y del tirón. Así es que, como no podía parar de leer, cuando llegaba a casa por las tardes repetía la lectura. Mi capítulo preferido es, sin duda, el primero, con esa frase final absoluta que no deja lugar a réplica: "todo ese montón de mierda que no te voy a perdonar nunca".

El Frío no es una novela al uso, con una exposición, un nudo y un desenlace. No, lo que atrapa de este libro no es la historia en sí sino el modo en el que está contada. Ganas de sentarte, abrir el libro y disponerte a disfrutar de la magia de cada frase, de cada idea, de cada sentimiento expuesto. Es la rabia, la soledad, la resignación y, sobre todo, la impotencia de la protagonista, que entre viaje y viaje se esfuerza por aprender a entender y a aceptar lo que le ha tocado en suerte. Es el frío...

Por fin he encontrado al autor que me gustaría ser. Esa manera de escribir es la manera en la que a mí me gustaría escribir. Posiblemente no sea del agrado de todo el mundo, pero eso a mí me da igual. Yo he encontrado mi modelo, mi referente, mi fuente de placer perverso. Yo quiero escribir como lo hace esta señora. Presuntuoso, yes, I know, pero qué sería de nosotros si la ambición no nos anduviera dos pasos por delante...

domingo, 17 de noviembre de 2013

Bom dia, cavalheiro

Porque un hombre brillante, de los caballeros de antes, de porte solemne y cerebro útil no puede ser mortal.
Feliz Aniversário e muitos anos de vida, senhor Saramago.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Con Bukowski me acuesto y con Bukowski me levanto

Esta mañana, en cuanto he abierto los ojos, he alargado la mano y he cogido el libro que dejé anoche al otro lado de la cama. Leyendo me he ido hasta la cocina a por mi desayuno preferido: el bizcocho de chocolate de la dieta Dukan. Y a disfrutar!
Tula
He descubierto a Charles Bukowski hace sólo dos semanas, y ahora ya no sé cómo he podido vivir sin él tanto tiempo. No sé por qué siempre me resistía a leer a este autor del que, por otro lado, no sabía nada de nada. Nadie me había hablado ni bien ni mal de él, pero yo me negaba sin motivo. El tipo en sí me resultaba simpático. Su amor desmedido por las mujeres, el tabaco y el alcohol hacían que me cayera bien, sin más. Pero su fama de autor maldito impedían que lo perdiera de vista. De hecho, hay dos fotos que guardé hace tiempo para ampliarlas y ponerlas en casa. Éstas: 
Así pues, en un momento de lucidez me dije que algún motivo fundado debía de haber en mi subconsciente para tal rechazo de su obra, y que tenía que descubrirlo como hay que descubrir a los autores, leyéndolos. 

Empecé por el principio, El cartero, y a las cinco primeras páginas ya decidí que me compraría todos sus libros. Bukowski y su alter ego Chinaski me han hecho pasar muy buenos ratos. Ese Chinaski corriendo, perseguido por búfalos, me hizo reír hasta saltar lágrimas. Me parto cada vez que me acuerdo. 

Alcohol, mujeres, apuestas en las carreras de caballos, resacas y lenguaje soez. Símbolo del "realismo sucio" de los años 70, Bukowski me ha cautivado. No es un autor para mentes sensibles. Su humor negro y su manera desnuda de decir las cosas no agrada a todo el mundo. De hecho, en internet he encontrado tantos fans como detractores. Supongo que tienes que tener un alma algo sucia y sinvergüenza para poder disfrutar de su prosa. A mí me parece brillante, un filósofo loco de esos que cuando hablan sentencian, un tipo con el que me hubiera gustado sentarme a hablar, con una pinta de por medio. Me gusta él y me gusta lo que dice. Pero, sobre todo, me gusta cómo lo dice. Fantaseo con la idea de haber podido juntar a Bukowski y Saramago en una misma mesa. ¿Qué podría haber salido de allí? El lenguaje etílico del uno frente a la lucidez y la corrección del otro. Ambas mentes brillantes. Ambos, seres tranquilos y, en cierto modo, desencantados con el universo. El pesimismo manido de Saramago frente al "todo me da igual si tengo alcohol y putas" de Bukowski. Hubiera pagado lo que valen unos Louboutin por poder estar ahí, entre ellos, escuchando y aprendiendo. 

 
Y es que a mí me gustan las historias escritas con el corazón, más limpio o más sucio, pero con el corazón. Me gustan los autores que llevan sus ideales (aunque no sean los míos) hasta sus últimas consecuencias. Me gustan los textos escritos desde las entrañas, sin filtros y sin censura de ningún tipo, porque la vida es así y nadie nos pone un filtro para vivirla. A veces necesito realidad sencillamente. No siempre tengo el humor para ambientes sórdidos y crueldades imaginarias. No siempre estoy para los perros clonados y los niños asesinos de Saccomanno en El oficinista, o para la miserias humanas del Ensayo sobre la ceguera de Saramago, la brutalidad y la hipocresía social del Ácido Sulfúrico de Nothomb (única obra de esta autora, una de mis favoritas, que he dejado a medias) o la hostilidad y la desesperanza de la atmósfera de Auster en El país de las últimas cosas. 

Ahora necesito sentido del humor, genialidad y sarcasmo. 

He leído El cartero lapiz en mano. Y no es para menos. 

"La comida es buena para los nervios y el espíritu. El coraje viene del estómago, todo lo demás es desesperación"

"- Algunos hombres están locos - dije, yéndome hacia la puerta. 
  - ¿Qué quieres decir?
  - Quiero decir que algunos hombres están enamorados de sus esposas."

"Las mujeres estaban hechas para sufrir. A pesar de eso, pedían constantes declaraciones de amor"

"Cualquier imbécil puede tener un trabajo; vivir sin trabajar es cosa de sabios"

Quiero leer toda su obra por orden. El segundo es Factotum y ya lo tengo, aunque he leído por ahí que no se disfruta igual en castellano, así es que me he atrevido a hacerme con él también en inglés. Y es verdad que no sabe igual. A Bukowski y a Auster, en inglés, plis.

Así es que, querido Charles Bukowski, bienvenido a la recámara de mis autores preferidos del mundo mundial.
¿Cómo diablos puede un ser humano disfrutar de que un reloj alarma lo despierte a las 5:30 AM para brincar de la cama, sentarse en el excusado, bañarse y vestirse, comer a la fuerza, cepillarse los dientes y cabello y encima luchar con el trafico para llegar a un lugar donde usted, esencialmente, hace montañas de dinero para alguien más, y encima, si le preguntan, debe mostrarse agradecido por tener la oportunidad de hacer eso?

Charles Bukowski.

domingo, 11 de marzo de 2012

Y todo salió de maravilla...

No hay nada mejor después de pasarse día y medio cocinando, que ver las caras de satisfacción de la gente mientras come. Felicitaciones y ofertas de matrimonio por doquier; ya tengo cuatro ofertas: una femenina y tres masculinas. Procesando...

Hice pan pita para el hummus, el babaganoush y el paté de marisco (I love you, Thermomix)


Minipizzas, saladitos y piruletas de parmesano.


Repetí mi delicioso pan de manzana, pasas y nueces para acompañar con mermelada de tomate y queso brie. 


Y por fin, lo mejor de la noche: la rainbow cake! Qué exitazo! No os podéis imaginar la cara de la gente cuando saqué el primer trocito. Todo tipo de comentarios sobre el gran partido que es Tulita, jijijiji... y porque no sabían lo que llevaba puesto, que si no...


Hice los bizcochos la tarde de antes y los dejé toda la noche en el frigorífico. Al día siguiente hice la cobertura (la nata se me cortó y aún así la añadí al resto de la crema. Luego me entraron las dudas y tuve que comprar todo de nuevo y repetirla) y quedó genial. Tenía bastante miedo por si no era la bastante consistente, pero lo era y aguantó como una campeona toda la noche.


Y mis regalichis.
Tres libros la mar de apetecibles:




Jarra y té para una adicta al té como yo.


Un cestito de productos marroquíes que huelen de maravilla y tienen una pinta...


Un regalo de lo más original: una suscripción anual a mi revista de decoración favorita, AD


Y unas braguitas negras preciosas, de lo más retro, hechas a mano por una chica londinense. La marca es Miss Crofton y se vende en la tienda Lolita's Closet (calle San Joaquín)


Luego unas copas en la sala Würlitzer y fin de fiesta.
Mil gracias a todos los que quisieron acompañarme anoche y me hicieron sentir tan especial. Soy muy afortunada.
Más fotillos en el blog de Anita

lunes, 5 de marzo de 2012

Un buen libro

Ya he terminado de leer Un buen chico, de Javier Gutiérrez. Bueno, en realidad, terminé la semana pasada, me lo leí casi del tirón. Y no es por lo que es, que también, pero es que es cierto que hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto con un libro, y que no me sorprendía tanto un autor. 

A pesar de que yo ya había leído a Javi, esta obra es completamente diferente, no sólo por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta. Una forma de escribir que no da tregua al lector, no le deja apenas coger aire entre capítulo y capítulo porque todo está entrelazado, no hay un orden lógico, sino más bien un desarrollo paralelo del presente y el pasado que, mediante la repetición de escenas y saltos en el tiempo, va tejiendo la trama. Un ritmo narrativo impactante en el que se mezclan con naturalidad conversaciones de diferentes personajes en diferentes momentos; todo en un mismo párrafo, pero nunca te pierdes, siempre sabes quien le dice qué a quién y en qué momento. 

Una historia cruda en la que la imaginación juega un papel importante ante la ausencia de descripciones explícitas. Anita dice que más de una vez tuvo que dejar de leer porque lo que estaba imaginando le resultaba perturbador. Yo debo de ser una insensible porque no encontré nada lo suficientemente duro como para que me impidiera seguir leyendo. Lo disfruté desde la primera página y no dejo de recomendárselo a la gente. Os aseguro que, como mínimo, os sorprenderá. 

Aquí podéis leer la opinión de Anita.

El libro salió a la venta el día 16 de febrero y esa misma tarde me planté yo en compañía de Mr. A, el matemático ciclista nihilista, y Anita en Tipos Infames. Lo compramos y nos lo firmó Javi, que andaba por allí. Dejo constancia gráfica. 






La presentación oficial de Un buen chico será el miércoles 7 de marzo, a las 20:00h, en Tipos Infames. Ansiosa por escuchar a este insólito arquitecto de las letras. 

domingo, 12 de febrero de 2012

Panes y presentaciones.

Chicos, chicas, aplaudidme: he hecho mis primeros panes en la Thermomix, y me han salido de rechupete. Con masa madre y todo, oiga.
Es un gustazo eso de no tener que estar amasando a mano media hora...
El primer pan fue el de esta receta. Muy rico, pero se nota que era el primero. Soy muy impaciente y no suelo respetar los tiempos de levado. Éste fue el resultado.

Tula Malcriada
 Y ayer hice otros dos: uno dulce, con canela, miel, manzana, nueces y pasas (delicioso), y otro salado. Las recetas, aquí y aquí.
El resultado:
Tula Malcriada

Tula Malcriada

No os imagináis lo buenísimos que salieron. Anita, una de las invitadas, habla en su blog del encuentro. Por cierto, que me salió un hummus exquisito. Le di mi toque mágico con las especias llamadas Ras el Hanout y fue todo un acierto. 
Y sí, un fin de semana más me he saltado la dieta. Pero es que casi 2 kilos menos merecían algún premio, no?
We Heart It

Y como lo prometido es deuda, me toca hablaros de mi amigo Javi, el escritor. 
Javier Gutiérrez Rubio. Un economista reconvertido a la fe literaria. Un sinvergüenza de las letras. Se ha cumplido su sueño y, después de varios premios y dos libros (modestamente) publicados, ha conseguido fichar por una de las grandes editoriales, Mondadori. 
Desde que descubrí Tipos Infames (gracias a Javi), esta tipa no ha vuelto a pisar un CasadelLibro ni un Fnac, pero volveré sólo para ver al Buen Chico de Javi en una estantería comercial. Un tissue, por favor. 
Javier Gutiérrez

Un Buen Chico se llama la novela. Sale a la venta y se presenta el día 16 (aún no sé dónde, os iré infomando) y yo estoy deseando de que caiga por fin en mis manos. El cariño que le tengo me impide ser objetiva, así es que, antes de leerlo ya os puedo decir que me encanta. Pero es que tiene un don, es un escritor fluido, no forzado. Me gusta su estilo. Disfruto leyendo cualquier cosa que escriba, hasta un email. 
He leído por la red que Un Buen Chico es una inusual muestra de ambición literaria al tiempo que una lectura hipnótica y profundamente perturbadora. Amén, no tengo nada más que añadir. 
Mucha mierda, Javichu. 

Todas las canciones son canciones de amor

Hay algo antinatural en releer imeils del pasado. Algo monstruoso en desandar el camino desde el presente hacia el pasado a través de esos textos improvisados, escritos deprisa y corriendo, en la oficina, en el portátil sobre la mesa de la cocina. Unas palabras, en la mayoría de los casos, insustanciales, mecanografiadas sin ningún cuidado, sin apenas puntuación, sin mayúsculas. Un texto escrito para durar un minuto y que, sin embrago, permanece, mensajes que con el paso del tiempo se cargan de un sentido inesperado. Adquieren un peso moral, un brillo de emoción para los que no estaban pensados. Con el tiempo cualquier combinación de palabras corrientes puede matarte de nostalgia.

Uno tiende a recordar pasados esquemáticos, listas de pros y contras, escenas significativas por eso cualquier frase de pronto puede dejarte sin aliento, puede romperte la cara. Como por ejemplo, “compra pan, mi amor, corre, la cena casi está en la mesa”. Es el contexto que rodea aquellas pocas palabras, es el silencio que las envuelve -un silencio tan inmenso y lleno de matices- lo que hace que esas pocas palabras ahora, releídas con el paso del tiempo, parezcan fósiles marinos y otras muestras minerales, en definitiva, las pruebas irrebatibles de la existencia geológica de tu paraíso perdido, de un manto de felicidad sepultado por el tiempo. Sí, cualquier combinación de palabras, como “corre, compra pan”, puede golpearte como fósiles marinos y rocas etiquetadas lanzadas a mala hostia a la cara.


Las palabras permanecen, los contextos han evolucionado con el tiempo, han mutado. Desaparecido. Te quiero, dicen los imeils del pasado. Te espero, tal vez no debí, hoy no creo que, me parece que yo no, qué tal mañana, ¿llegaste a tiempo?, gracias por todo, lo siento muchísimo, ya sabes nunca llueve a gusto de, confía en mí, te quiero tanto tantísimo, te espero, corre, la cena ya casi.


Macho, lees un imeil de doce palabras y dan ganas de salir corriendo, de comprar una barra de pan, seguro que era invierno, espera, puede que incluso fuera Navidad, por favor, mi amor, ya llego, no empieces sin mí, si estoy al lado de casa. Lees un imeil, dan ganas de. Y por supuesto imposible recordar esa noche en concreto, imposible saber si al final compraste el pan o no, qué preparaba ella de cena mientras escribía, si aún os queríais o si ya no estabais tan seguros, si visteis una película más tarde o por el contrario os tragasteis cualquier cosa que echaran por la tele.


Dan ganas de salir a la calle y correr, pero correr adónde, no sé, dan ganas de correr, de comprar una barra de pan a la carrera, sólo quedan dos barras en todo el mostrador, pagar a toda prisa y ganas de correr con la barra en la mano, agitándola en el aire frío de la noche, ¿pero correr adónde?, qué más da, sólo correr entre la gente, con el abrigo abierto, correr esquivando a los transeúntes, pidiendo perdón sin detenerse, sólo correr bajo los carteles luminosos, correr contra los escaparates aún iluminados con la barra de pan en alto, esquivando a la gente.


Debería estar prohibido releer los imeils del pasado, igual que debería estar prohibido escuchar a The National obsesivamente como hago ahora. Es que, macho, lees cinco palabras, cualquier cosa al azar, y qué ganas de correr. Cinco palabras de mierda y ganas de correr, de subir los cuatro pisos saltando los escalones de dos en dos, qué ganas de abrir la puerta y encontrarla con el delantal puesto y música en el Ipod y una copa de vino entre las manos, qué ganas pero resulta que cuando llegas arriba la llave ya no encaja en la cerradura, es demasiado tarde, ni siquiera ella vive ya allí, y entonces te preguntas sosteniendo la llave equivocada frente a la puerta equivocada, te preguntas qué estoy haciendo aquí con una puta barra de pan en la mano y es en ese momento cuando escuchas que alguien sube a grandes zancadas las escaleras, también lleva abrigo y tal vez se dé un aire a ti, más guapo, tal vez un aire, lo ves subir y te apartas, desandas un par de pasos,  el tipo te saluda como si fueras un vecino, sin mirarte, rebuscando las llaves en el bolsillo, ansioso, haciendo malabarismos para que no se le caiga su propia barra de pan, y la chica abre la puerta, una chica muy parecida a ti, igualita de hecho, puede que más joven, puede que ambos sean más jóvenes después de todo, y entre sus dos cuerpos aún eres capaz de ver la luz cálida de la lámpara de pie que un día fue vuestra lámpara y de escuchar la música en el Ipod y hasta crees oler algo apetecible al fuego. Y ellos dos se vuelven extrañados de que permanezcas ahí de pie, paralizado, y tú dices. En realidad no dices nada, sólo gesticulas con las manos y sonríes y señalas el piso de abajo como si te hubieras equivocado de planta y sales a la calle y llamas a toda la agenda del móvil porque no quieres pasar solo esa noche tan fría, y empiezas por la a y si hace falta acabarás por la zeta, porque esa noche, puede que incluso sea Navidad (no Nochebuena pero sí esa misma semana o la semana anterior o posterior) porque esa noche no la quieres pasar solo, y aunque sea –y ya tiene que estar jodida la cosa- llamarás a tus padres para que te inviten a cenar. Y tu madre te animará a ir y luego extrañada te preguntará si estás bien y tú sí, mamá, muy bien e inventarás cualquier excusa, seguramente que se te ha jodido la calefacción, sí, esa es una buena excusa y luego añadirás que el pan, sí, que el pan ya lo llevas tú.

Javier Gutiérrez Rubio

viernes, 30 de diciembre de 2011

2011: Bien está lo que bien acaba.

Queridos y queridas malcriadas: Sí, hoy toca post ñoño.
Advertencia para los hiperglucémicos: Muy ñoño.
Ahí va.

Balance anual (aunque juré que no lo haría, pero me apetece): en resumen, ha sido un año diferente, intenso y muy muy social. El último trimestre ha compensado con creces el desorden vital y mental que venía padeciendo hasta ese momento. Interpelemos a Zeus para que me proporcione un 2012, como mínimo, igual de fabuloso que el final del 2011.

¿Os he dicho que finalmente he sucumbido a los encantos del eBook? Pues sí, ya tengo uno y (ssshhhh...) estoy encantada. La tecnología ha entrado este año en mi casa por la puerta grande: eBook, móvil nuevo, ordenador nuevo y lavadora-secadora nueva. ¿Qué será lo próximo?

Si tengo que elegir un libro, me quedo con Tangram, de Juan Carlos Márquez.


Si tengo que elegir una película, me quedo con El Hombre de al Lado, cinta argentina dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat. Merece la pena verla aunque sólo sea por el placer de poder olisquear cada rincón de la única vivienda unifamiliar que Le Corbusier construyó en toda América, la casa Curutchet, encargada en los años 50 por el cirujano Pedro Domingo Curutchet. Desde que murió, la familia la alquila al Colegio de Arquitectos de Buenos Aires.


Si tengo que elegir un grupo de música y una canción, me quedo, sin duda, con Two Door Cinema Club y su canción What You Know. Me pone las pilas desde el primer acorde. Descubrimiento musical del año! Y en agosto me voy a verlos al Arenal Sound.



En 2011 he ido a un montón de conciertos (sólo con los del Primavera Club ya podría estar más que satisfecha), pero me quedo con el que vi anoche en la Joy Eslava: Sôber promocionando su último disco, Superbia. Sin palabras. 
Mientras exista Sôber y sigan entregándose de esa manera en el escenario, es imposible que desaparezca por completo mi vena rock macarra.
Loco, una de mis canciones preferidas. Arriba esos cuernos!!!!


Y llega el momento de los soporíferos, pero inevitables, agradecimientos y arrumacos.

En primer lugar quiero mandarle muchos besos a mi familia, de los que no hablo mucho aquí pero a los que extraño en la distancia. Menciono a menudo a mi madre porque no lo puedo evitar, la tengo muy presente, siempre me acompaña un recuerdo plácido, vital y nada dramático de ella, un recuerdo a la altura de lo que fue y de lo que merece su memoria. Pero algún día os hablaré de mi padre: un personaje peculiar y entrañable que me saca de quicio y me divierte a partes iguales. Un crack.

Quiero darles las gracias, como siempre, pero no me canso, a mis amigos, los de ahora y los de siempre; les deseo lo mejor para 2012 y espero que ni el tiempo ni el destino me alejen nunca de ellos.

Amor para los de siempre: Ro, Gon, Carlos, Mónica, mis primas, las hermanísimas...
Amor para las recientes: Anita, Antioquía, Lulú.
Amor para los últimos en llegar (y suplicando a Dior que se queden conmigo mucho tiempo): Juanan, Maribel, Javier, Ricardo, Norma y Mr. A, el matemático ciclista nihilista. A este último: gracias por devolverme la literatura.



Y quiero aprovechar el empalago del momento para decirle por escrito a alguien algo que me cuesta mucho decirle de viva voz, pero es que me lo pide el cuerpo:
Te quiero, L.
Por el apoyo incondicional, por estar siempre para escucharme, por contar conmigo para los desahogos y los buenos ratos, por haber aparecido en el momento justo para hacerme ver que la vida es todo lo maravillosa que nosotros queramos hacerla. Por ayudarme a dejar atrás lo malo. Por dejarme ayudarte.
Por el gran cariño que me das sin tú saberlo y que me hace saltar las lágrimas ahora que lo pienso.  
Para ti esta canción, porque no podría ser otra. 



Gracias a todos vosotros, los que me leéis, por aguantarme un año más y darme tantos abrazos virtuales.
Y perdón por los olvidos, pero ya me conocéis...

domingo, 20 de noviembre de 2011

Fin de semana literario - Festival Eñe

El fin de semana pasado se celebró en el Círculo de Bellas Artes el Festival Eñe, dos jornadas de encuentros entre escritores, lectores, editores y demás elementos del mundillo. Concentración de personajes relevantes de las letras hispanas, escritores consagrados y escritores noveles mostrándole a un país que no lee lo que se está perdiendo.Yo fui con mi amigo J. (Javier Gutiérrez Rubio, escritor. Algún día os hablaré de él y de su próximo libro), entendedor y frecuentador del ambiente literario.
El sábado repetimos y se nos unió Mr. A, el matemático ciclista nihilista, casi siempre presente allá donde se respiren letras.

El viernes estuvimos viendo al editor Mario Muchnik entrevistado por Peio Hernández. Un señor sabio, reposado, hablador... A lo largo de su vida ha conocido a muchos ilustres de las letras. Habló de su relación profesional y amistosa con Julio Cortázar, lo cual a mí me parece un lujo, que alguien te cuente anécdotas de primera mano sobre uno de los mejores autores del siglo XX. De todo lo que dijo, hubo algo que memoricé, supongo que por el simple placer de que alguien tan cultivado le dé la razón a un ser insignificante como yo: "Lo peor que le ha podido pasar a este país y a su cultura ha sido la televisión. La televisión ha interrumpido la evolución del pensamiento de la sociedad". Amén, señor Mario.

www.revistaparaleer.com

Presenciamos también el cara a cara entre David Trueba y Manuel Vicens. Una charla distendida y amena en la que hablaron de sus viajes, sus amistades dentro del mundo de las letras o sus charlas literarias en diferentes cafés de Madrid. Las frases que recuerdo de dicho acto:

- Vicens a Trueba: "Tú escribes todos los días una columna y por eso puedes hablar de lo que quieras. Yo sólo escribo los domingos y no tengo derecho a joderle el domingo a nadie"

- Vicens: "En la pintura del techo Adán le tocaba el dedo al otro, ¿cómo se llamaba?"
  Trueba: "Dios"
  Vicens: "Eso, Dios"

- Vicens: "La residencia de estudiantes del 27 pasó a la historia por tres cafres que se pasaban el día haciendo el ganso y que luego resultaron ser unos genios" (refiriéndose a Lorca, Dalí y Buñuel)

- Vicens: "No conozco a nadie que no se sienta inferior delante de un ordenador"

- Trueba: "Hay gente que vota a la derecha por si les hacen ricos"

www.revistaparaleer.com

Salí de aquella sala pensando que me encantaría poder presenciar alguna vez una tertulia de café entre esta gente tan extraordinaria.

El sábado asistimos a una pequeña conferencia que dio el escritor mejicano Jorge Volpi. Me aburrí un poco y no recuerdo ninguna frase brillante. Acepte mis más sinceras disculpas, señor Volpi; y tranquilo, no es usted, soy yo.

El viernes, después del festival, nos fuimos de cañas. Acabé en el café Galdós en compañía de mi amigo Javi, el editor Pablo Mazo (Salto de Página) y dos escritoras, Elvira Navarro y Natalia Carrero. ¿Se puede pedir más? Las letras de este país analizadas por sus protagonistas. Yo, en mi línea, anduve un poco despistada. Hasta el punto de que no me di cuenta hasta dos horas después de que las dos chicas tan majas que me acompañaban eran escritoras. Y además, una de ellas era Elvira Navarro, de la cual he oído hablar mucho últimamente y la que casualmente va a ser mi profesora de escritura creativa a partir de enero. ¿Veremos resultados? No perdamos la fe. 
Lo mejor fue mi pregunta con cara de estupor interrumpiendo la conversación: "Perdón, pero tú, tú..... tú..... tú eres Elvira Navarro!!!!". A la chica no le quedó más remedio que echarse a reír. Más maja...

A ratos me abrumaba tanta densidad retórica, lo que hacía necesario desconectar, alejar la vista y dejar respirar a mi discreto cerebro. Una de esas veces me fijé en la mesa de enfrente y descubrí al señor López Aguilar, un político que, sin saberlo él, estaba allí para echarme en cara que mientras yo estoy feliz deleitándome con libritos y poetas, el país está hecho una mierda. Un poco más allá, tras la ventana, al otro lado de la calle, tres guapos actores de serie televisiva fumaban tranquilamente, ajenos a la expectación que despertaban a su alrededor. Madrid y sus contrastes. Aquella escena me recordó un post que escribí el año pasado, Placeres vs. Deberes, la imposibilidad de abstraerse de la vulgaridad de la vida cotidiana durante largo rato.

Arte y compromiso contra la mediocridad.


Y esta semana toca Primavera Club, ¿os veré por allí? Verónica Falls, Superchunk, Girls!!!!
Que no todo va a ser leer, ¿no?

jueves, 3 de noviembre de 2011

Brownies, libros y matemáticas.

Y éste es el resultado de una tarde de domingo en la que no apetece calle ni gentío.
Sí, Tula ha vuelto a meterse en la cocina con ganas de ensuciar, revolver, desordenar, limpiar y volver a ensuciar. ¿Acaso es ésa la prueba definitiva de que ha firmado la paz consigo misma y de que por fin ha vuelto todo a la normalidad?
No, es posible que ése no sea un motivo suficiente. Quizás es que simplemente se ha hartado de comer sandwiches y yogures.
Pero, ¿y si os digo que también ha vuelto a disfrutar de las tardes en casa sin nada más que hacer que ver una peli arremolinada en el sofá saboreando una copita de vino?
Hombre... Es que empieza a hacer frío en la calle.
Ya, ya, Pero es que también ha vuelto a leer.
Aja!, Eso ya es otra cosa.

Pues sí, queridos lectores, seguidores, mirones y otros transeúntes de este caótico blog: Tula ha vuelto a leer. Después de más de un año sin ser capaz de disfrutar de la lectura o sólo del simple hecho de tener un libro entre las manos, después de más de un año dispersa, incapaz de mantener la atención más de 10 minutos en nada, Tulita ha descubierto que quiere volver a ser ella y a hacer lo que le gustaba, sobre todo leer.

Pero siempre hay una causa. Siempre hay un por qué...

Érase una vez un señor muy listo, irritantemente listo, muy alto, soviéticamente sobrio, educado y muy guapo, aunque algo taciturno, lo cual, lejos de restarle encanto, despertaba el interés de aquéllos que se cruzaban con él. Los cajones de su casa siempre estaban llenos de números grises, ecuaciones inconclusas y abstrusas fórmulas, pero los de su corazón rebosaban letras. A menudo, mientras ejecutaba, escribía, resolvía y calculaba de modo automático, soñaba con la idea de que algún día entrara por la ventana un ejército de palabras esdrújulas, yuxtapuestas y parasintéticas que lo sacaran de allí y se lo llevaran volando muy lejos, a otros mundos, a aquéllos sobre los que tantas veces había leído a lo largo de su vida; deseaba ser rescatado por novelas, ensayos, biografías... pero sobre todo, por cuentos. 
Después de un largo día de trabajo lo que más le gustaba era coger su bici y pasear por la ciudad, pensar sin hablar, ver sin mirar y dejarse llevar sin más. Uno de esos días paseaba él absorto y contrariado por las primeras páginas de su recién comenzada lectura, Chesil Beach, de Ian McEwan; la idea de amar a alguien a quien no soportas tocar ni que te toque le resultaba turbadora. Cuando apenas empezaba a atardecer se percató de que había ido a parar a un barrio absolutamente desconocido para él; estaba perdido. Giró sobre sí mismo intentando encontrar una pista que le anunciara cómo volver a casa, pero nada, todo para él era nuevo. ¿Cómo había podido despistarse tanto? Se encontraba justo en la puerta de un parque que le pareció sugerentemente inquietante. Pensó que ya que estaba allí lo mejor sería adentrarse en él, relajarse e intentar orientarse. No tardó más de 10 minutos en llegar al final, y seguía sin saber cómo demonios regresar. Al lado de la salida, sentada en el último banco del paseo central, una chica abrazaba un libro encogida por el frío, mirando fijamente al suelo. Vestía de una forma extraña, simpática, y sus gafas eran tan... peculiares... Pensó que el banco era lo suficiente grande como para sentarse a su lado sin incomodarla. Bien, necesitaba descansar. Apoyó la bicicleta con cuidado en el árbol más cercano y se sentó en el banco mientras musitaba un tímido "buenas tardes". Ella respondió casi sin despegar la vista del suelo. Parecía triste. Él necesitaba salir de allí y quizás ella le pudiera ayudar. ¿Y por qué no? Se volvió con suvidad hacia ella y le explicó brevemente su situación. Ella sonrió al descubrir la primera de una serie de casualidades que irían descubriendo más adelante. También se había perdido en aquel barrio sombrío, llevaba toda la tarde dando vueltas y por fin había conseguido orientarse. Tras una agradable charla la chica le explico cómo volver a casa, pero no sin antes aconsejarle que se quedara un rato más sentado en aquel banco disfrutando del sencillo placer de observar a la gente que pasaba por allí, tan deliciosamente pintoresca. Ella, sin embargo, ya se había aburrido y se disponía a regresar a casa, aunque quedaron en volver a verse. 
Un par de semanas después se encontraron en otro barrio de la ciudad menos inhóspito. Charlaron, rieron, pasearon y descubrieron que les unía una misma pasión: la lectura. Él leía mucho, aunque ya no disfrutaba como antes. Ella hacía meses que no tenía ánimos para leer nada, pero aún así lo echaba profundamente de menos y siempre llevaba consigo un libro por si acaso. No pudo evitar contagiarse de la pasión de él al relatarle sus últimas lecturas; cuando hablaba de libros le brillaban los ojos. Hicieron un trato: cada cierto tiempo elegirían un libro, se darían un plazo para leerlo y después lo comentarían. Quedaba oficialmente inaugurado su propio miniclub de lectura. Empezarían por Monzó y después ya verían. 
Ella pensó que quizás no estaba tan mal caminar sin rumbo de vez en cuando y dejarse desorientar por el azar. Él, seguramente, pensó algo parecido. 
Ella se llamaba Tula, una chica rara, descarada y malcriada.
Él se llamaba, pongámosle, Mr. A, el matemático ciclista nihilista.  

Y colorín colorado...

martes, 26 de abril de 2011

La Noche de los Libros


Mañana se celebra en Madrid, por sexto año consecutivo, La Noche de los Libros. He leído el programa de actividades y tiene muy buena pinta. Os lo podéis descargar de la página madrid.org. La librerías harán un 10% de descuento en todas las compras, habrá más de 200 escritores repartidos por Madrid firmando libros, exposiciones, encuentros, debates, presentaciones, etc.

Yo, para ser original, y en mi línea, iré a Tipos Infames y que sea lo que Zeus quiera...

Y no se me ocurre una manera mejor de celebrar días de palabras, que escribiéndolas. Y hoy me habéis pillado inspirada, cosa rara últimamente...


Amigos, por Tula Malcriada.

Lo que más le impresionó fue la brisa fresca en un día tan caluroso como había sido aquél. Yo le había hablado alguna vez de mi paraíso y de su buen clima, pero aún así no se lo esperaba. Había llovido durante toda la tarde y la tierra desprendía un delicioso olor a humedad, las hojas de los árboles brillaban y en el aire flotaba una delicada neblina. La noche invitaba a silla, manta y conversación. Y a él le venía bien un poco de charla terapéutica, pues aún no habían cicatrizado sus heridas.

Era tarde y los dos estábamos cansados. Él había hecho un viaje largo y, además, la cena de amigos se nos alargó más de la cuenta. Habíamos dejado las dos camas preparadas antes de salir, para acostarnos y descansar en cuanto llegáramos. Pero no aprovechar una noche como aquélla hubiera sido un terrible desatino.

- No me importaría venir a pasar aquí mis últimos años de vida -dijo él mientras se arropaba con la manta.

- Ésa es la idea -repliqué yo con el desdén del que se sabe afortunado-. Ahora sólo me falta encontrar a la persona que quiera compartir conmigo este paraíso. -Y por un momento tu imagen se me vino a la cabeza, porque me cogió desprevenida, pero rápidamente la espanté de un manotazo.

Nos quedamos los dos en silencio, disfrutando de las vistas. La antigua estación de tren al fondo, y mucho más lejos, clavadas en el horizonte, parpadeaban sin ritmo las luces de los molinos.

- En noches como ésta, el abandono sabe menos amargo -susurró. Yo le compadecí.

De sus ojos brotaron un par de lágrimas discretas, contenidas, resignadas. Los cerró y pronunció lentamente su nombre, el de ella: Clara...
Yo cerré también los ojos, y casi sin darme cuenta, a traición, se me escapó tu nombre... el tuyo...

Derrotada, vencida por la evidencia, lloré por los pasos desandados, o quizás nunca dados. Así, en silencio, los dos os lloramos largo rato. Con rabia yo, con costumbre él.

Sin prepararlo, sin preverlo y sin pensarlo nos acercamos lentamente, sin decirnos nada, con miedo pero con decisión, ansiosos de piel nueva, prestos a hacer poesía con los versos rotos de nuestras almas.

Aquella noche fresca, y por unas horas, vuestros nombres murieron ahogados en un mar de besos azorados, hambrientos, vivos aún...

lifeslittlesuprises.tumblr.com
Que paséis una feliz semana.

domingo, 17 de abril de 2011

Mis cosas infames...


The Selby
Al final va a ser verdad eso que decía mi madre de que padeceré Síndrome de Diógenes a una edad muy temprana...
Pero es soy incapaz de deshacerme de mis cosas. Por más que las miro y las remiro, intentando ver de cuál de ellas prodría prescindir, no hay manera, son mis cosas, MIS COSAS, y las necesito conmigo, aunque sólo sea para mirarlas y poder decir "ahí están, míralas, son mis cosas y siempre van conmigo"
Mi piso es muy pequeño y la verdad es que ya está un pelín saturado. Así es que debería de poner en práctica la teoría del reciclaje decorativo: por cada cosa nueva que entre en casa, debería de salir otra. Parece una buena solución, no? Pues no, eso es traición! No puedo tirar mis cosas de toda la vida, las que me han acompañado siempre fielmente, las que me traen tantos recuerdos y que si pudieran hablar contarían de mí más que mi propia familia. No, lo siento, el hecho de que entre un ser inerte más en mi vida, no me da derecho a darle una patada a mi historia. 

Pero a qué llamo yo “mis cosas”? Pues básicamente, mis cosas son mis libros , mis lámparas, mis colgante,, broches y anillos. Pero sobre todo, mis libros. Compro libros por vicio. Algunos los compro porque son bonitos, aunque sé que no los voy a leer. Es lo que me pasa con los libros antiguos. Hace poco me compré en el Rastro un tratado de matemáticas en alemán... No digo más. Seré librofílica? O se dice bibliofílica? Voy a registrar el término.

Me he planteado comprarme un Ebook de esos, que dicen que son muy útiles. Pero creo que finalmente no lo voy a hacer porque a pesar de eso no voy a dejar de comprar libros físicos. Los libros son su olor, sus palabras expectantes, deseosas de ojos curiosos, sus pastas duras o blandas, el tacto del papel, el efecto del tiempo en sus hojas... Nunca dejaré de comprar libros, ésa es mi cruz. Pero es que ya no caben más...

Hace una semana juré por Paul Auster que no volvería a comprar libros en al menos seis meses. Desde entonces, he comprado 5... Dos de ellos son de mis autores favoritos, Monzó y Nothomb. Otro, de Clarice Lispector, apuesta segura. Y los otros dos los compré bajo coacción y amenazas. Bueno, no fue exactamente así, pero decirlo hace que me sienta menos culpable. Son “Rojo y Negro” de Stendhal y “Santos que yo te pinte”, de Julián Rodríguez (demonios se tienen que volver) :-P
Me los recomendó un amigo amante y entendedor de libros; lo que a mí me hacía falta, vaya, alguien que me dé argumentos para seguir comprando...

Tula Malcriada
Y para colmo, hace dos meses descubrí un garito en Malasaña, Tipos Infames, que se ha convertido en mi perdición. Es un café-librería de lo más cool (o cult-cool) del que soy incapaz de salir con las manos vacías. A partir de ahora les llamaré “Malditos Infames!”. Aunque, dejando a un lado mis vicios y falta de autocontrol, diré que es un garito muy recomendable: buena selección de vinos, buena selección de libros, cursos de cata, presentaciones y muy buen ambiente. El negocio lo regentan tres socios la mar de amables y siempre dispuestos a hacerte una buena recomendación literaria. El local es antiguo y tiene el encanto de la piedra, las vigas y las tuberías vistas. La decoración es adecuada aunque yo cambiaría las sillas. Tienen las Nordmyra de Ikea, que no están mal, pero quedaría mejor alguna silla de diseño retro industrial, como la Tolix, en cualquiera de sus versiones. 

Éste lleva camino de convertirse en uno de mis “sitios para perderme” preferidos de Madrid. No dejéis de visitarlo. Está en la calle San Joaquín, 3.

Blog de Adolfo
A la carta para dos

sábado, 9 de abril de 2011

Nena, tú siempre provocando!

Antes de empezar a poner fotos guarras, quiero agradecerle a Mademoiselle Lulú, una rubia de mediados del siglo pasado, pero que se conserva sorprendentemente bien, su nueva sección bloguística de recomendaciones literarias para Tula, o sea, esta humilde servidora. Es que la rubia controla un montón de libros y yo ya estoy un poco harta de mis autores de siempre, quiero descubrir cositas nuevas que me agraden y me sorprendan. Y nadie mejor que ella para dichas recomendaciones.

Se aceptan sugerencias. 
Por favor, abstenerse best seller. Gracias. 

Y ahora demos paso a las fotos guarras. 
Que paséis un fin de semana genial!

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